
Por si acaso no llovía se compró un bikini en el Corte Inglés antes de coger un autobús Larrea para ir casa de su hija a Pozuelo a llevarle tappers con comida.
Etiquetas: Madrid
Ayer me reencontré con la ciudad, a lo Carrie Bradshaw, ayer tuve una cita con… (ojalá hubiera sido NYC). Salí del trabajo mirando un cielo nebuloso, que arropa a cada edificio por igual y por separado, me despedí de Fangfei en la esquina de Blasco de Garay con Alberto Aguuilera, la intuición me llevó a la plaza de los cubos a buscra las carteleras del rincón del cine por excelencia, llegaba tarde a todas ya volveré un día para ver la de Lars von Trier, Y seguimos, espero el semáforo, pasa un clio con matrícula de Barcelona con tres jóvenes sonrientes en su interior, mirando al cielo y sujetando las cajas de cartón que apoyaban en sus rodillas. Me introduzco en una calle nueva que nunca había recorrido, la calle de Leganitos, asiáticos modernos, me acuerdo de Juan tiendas de guitarras intercambio de música, Costanilla de los Ángeles me acuerdo de Anamari, tules, telas, gasas, plumas, todo para bailarinas…Santo Domingo, Ópera, Arenal, plaza Mayor, Tirso, Lidl (m&ms falsos), Antón Martín Cine Dore ponen M.A.S.H., se me derriten los m&ms en el vaquero, hasta al señor de mi lado se le escapan las carcajadas, me ha llamado Nando, que si voy hay cena para cinco. Sol, Gran Vía, Tribunal, Bilbao, Iglesia, Rios Rosas, Cuatro Caminos, Alvarado, Estrecho… Madrid siempre es un placer…Etiquetas: Madrid
Ay, cuántos hays
5 Comments Publicado por Maldita_Rebeca on miércoles, febrero 28, 2007 at 1:23 p. m..
Hay un perro en Lavapiés que pudiera ser un cerdo, una rata o un deshecho. Hay una amiga agobiada que me llama a las dos de la mañana mientras tiendo la ropa. Hay un acomodador que no nos deja entrar a la segunda parte del teatro por tomarnos unas cañas. Hay una cama nueva que empiezo a deshacer. Hay un dolor de espalda en mi sofá. Hay un pollo que se llama De la Vega. Hay tres mil historias que me quedo sin contar por pereza a hablar. Hay una planta del dinero en nuestra ventana y una cartilla vacía en mi bolso. Hay unos besos que me sigo guardando. Hay una vecina que me deja entrar a mi casa por el patio. Hay tres pantalones que me vienen grandes. Hay una camarera a la que regalo calamares congelados cuando salgo en pijama de fiesta. Hay un colega que me llama Alberto. Hay un pintor que me quiere llevar a jugar al baloncesto. Hay un post que escribo en el trabajo. Hay un peligro de incendio cada noche en la ciudad que me acoge sin reproches. Hay lamento que no me atrevo a decirte. Hay confesiones que se me empiezan a escapar. Hay una amiga que no quiere hablarme. Hay una ciudad que no echo de menos. Hay un guión que nunca termino. Hay tanta gente que echo de menos. Hay una tos que ya no me deja. Hay esperanza de seguir creciendo. Ay, que bien malvivo y cuánto me quejo...Etiquetas: Madrid
CRÓNICA DE UNA NOCHE ANUNCIADA
0 Comments Publicado por Maldita_Rebeca on martes, enero 09, 2007 at 4:39 p. m..
Cinco amigos regresan de sus vacaciones navideñas y vuelven a demorarse en una alfombra atrapa-polvo. Todos miran en un estado tal vez enajenado a una tele de ocho pulgadas un concierto en directo del año 86 (1900) con sus rótulos fluorescentes y sonidos tal vez lejanos. Ah… sí… un concierto del mejor poeta hasta su cirrosis y salvando las mejores excepciones…. Sabina.
Después de continuar con la dieta navideña, cena by los chefs de Berruguete, con tarta de chocolate incluida, riojita y demás aliños. Nos embelesamos con la distancia de lo que existió cuando nosotros casi nacíamos y como no nos acordamos nos pasamos a los 90 y llegamos a la conclusión de lo horteras que fueron.
Y es que ahora vuelven los 80, la movida, la ruptura y transgresión que vivió España tras salir del ostracismo. Pero luego llegaron los 90 cuando esa subcultura y modernización llegó al pueblo llano, y llegaron a las fruterías las hombreras y estampados, la bisutería recargada, los pelos cargados hasta el infinito… que cada uno de nosotros de los hijos de los 80, por favor, recuerden las pintas de sus padres el día de su comunión. Y así nos damos cuenta de que hemos vuelto al tranquilo hogar del imparable Madrid a estrenar el 2007. Un año que no sabemos a dónde va, tan sólo de dónde venimos, como la vida misma.
Después de continuar con la dieta navideña, cena by los chefs de Berruguete, con tarta de chocolate incluida, riojita y demás aliños. Nos embelesamos con la distancia de lo que existió cuando nosotros casi nacíamos y como no nos acordamos nos pasamos a los 90 y llegamos a la conclusión de lo horteras que fueron.
Y es que ahora vuelven los 80, la movida, la ruptura y transgresión que vivió España tras salir del ostracismo. Pero luego llegaron los 90 cuando esa subcultura y modernización llegó al pueblo llano, y llegaron a las fruterías las hombreras y estampados, la bisutería recargada, los pelos cargados hasta el infinito… que cada uno de nosotros de los hijos de los 80, por favor, recuerden las pintas de sus padres el día de su comunión. Y así nos damos cuenta de que hemos vuelto al tranquilo hogar del imparable Madrid a estrenar el 2007. Un año que no sabemos a dónde va, tan sólo de dónde venimos, como la vida misma.
Etiquetas: Madrid
Ficcmentos
Etiquetas: Madrid
Jugadores de madera
8 Comments Publicado por Maldita_Rebeca on miércoles, noviembre 15, 2006 at 5:56 p. m..
Sábado por la noche. Después de un par de vinos por la Latina, una canción nos lleva al Botas. Tiene futbolín, me da igual lo demás.Animo a mi compañero de bajo, y aquí en Madrid también pareja de futbolín. Ya habíamos entrenado. En el subsuelo de una bar detrás de la plaza Mayor machacamos a dos colegas. No pasaron por debajo porque no eran fieles a los amantes del futbolín.
Pero allá en las piscinas de Palacios de la Sierra había que cumplir y los dos pequeños [los niños, mi primo Antico y yo, todavía niños aun sacando una cabeza al resto] de rodillas todo el rato. Subidos a una caja de Kas cada uno, tocábamos poco los mandos porque o nadie quería jugar con nosotros o éramos los últimos de la lista. Entonces, cuando el Mikolápiz estaba de moda, los niños nos arrastrábamos por el suelo tras cada partida a lo ancho y a lo largo. Ahora no se cumplen las mejores normas de los juegos de niños, pasar por debajo, mantearte con piñas, vestido a la piscina…
En el Botas el futbolín es peor y de vez en cuando no te salen el doble de bolas. Pero sí hay normas, euro en la mesa para ser el siguiente, sin cambio y otra nueva para mí que aceptamos sin pensar. Dos chicas tienen el control, ganan a un par, nos toca. No son unas craks pero se defienden bien.
Yo repeleo y meto un par de goles, la cosa va mal, me pico, desde la portería siempre, veo como se escapa mi dignidad y mi dinero. Cierran el bar.
Mi compañero me dice que la música del Botas estaba de puta madre. ¿Qué música? Estábamos jugando al futbolín. La música no se escucha. Lo malo de tener un compañero es que te tienes que quedar con él.
Me acuerdo de la mejor pareja que tuve, mi amiga la Juany, rivalidad y destreza contra Jorge y Emilio en el Dum Dum (RIP) de Elche cuando nos fugábamos de historia, el pobre Vicente, o entre exámen y exámen.
El mejor equipo de madera en las piscinas, equipo compenetrado con la Juany reto para el futuro ganar a las tipas del Botas.
Juan, esta noche nos vamos a entrenar, nada de música, sólo madera contra madera.
Etiquetas: Madrid
Seis millones de personas, una historia vacía
3 Comments Publicado por Maldita_Rebeca on domingo, octubre 15, 2006 at 10:02 p. m..
Disfruto la presencia de seis millones de personas, anónimos del metro que te cuentan que buscan músicos de jazz no profesionales para un concierto benéfico para ayudar a los sin techo de esta ciudad helada en invierno. Ex legionarios de Lavapiés borrachos de cartones de vino, muchachas que vomitan a solas en el sexto vagón, mujeres que rezan a escondidas tras catálogos de moda. Extranjeras que repiten tests de conducción en los bancos de la línea 2 tras trabajar 12 horas en un restaurante. Pablo Carbonell vendiendo Cariocas, de colores, no rotuladores, en una esquina del Rastro. Disfruto de presencias que esconden ausencias, nostalgias tan parecidas a la mías, tan lejanas,…
Disfruto de la arquitectura española venida de Nueva York, miles de personas en la Casa de Campo, bailando ritmos latinos, los artistas del Retiro, los bonsáis de Felipe González, una niña de nueve años me enseña el teorema de Pitágoras a través de cuadrados de arena, la inmensidad del arte recogido en el Prado, preguntarme que significa Non est Bibendum, un buen vino, libros por 20 céntimos, los dedos virtuosos de Edu Bighands en el bar de Moe (con la elegancia de Gary Grant teñida de negro), paseo, miro, sueño, me embriago, bebo, amanezco…Disfruto la presencia de seis millones de personas, del arte infinito que rodea cada fachada, de la cultura inmensa que ofrece esta ciudad, de andar, mirar e investigar…
Disfruto de la ausencia de seis millones de ocasiones que nunca había vivido, perdiéndome cuando me apago en el letargo de un breve stand by en el que la sensación de vacío no la llena nada, ni nadie.
Más allá de la catarsis social, cultural o experimental, de repente aparece la voz que murmura la ausencia de seis pequeñas miradas de las que aquí carezco. Más allá de esta historia se encuentra el abrazo que añoro, porque Daze tiene razón, cuando todo se mueve bajo el vértigo del placer instantáneo, nos falta a escondidas que alguien nos pregunte cómo estas y espere a escuchar una respuesta. Donde existen seis millones de posibilidades de encontrar una noche de sexo, en el instante antes del sueño solo lamentamos la ausencia de un abrazo amigo.
Porque la cultura, la amalgama extenuante de vivencias, los timbales del Retiro en una tarde de domingo propicia para inventar historias tendidos sobre el césped, la maldita sensación de acción imparable, la ordenación urbana para evitar el caos, la mirada inquieta en un paisaje desconocido, nos acerca al éxtasis fugaz de evitar pensar quiénes somos o qué queremos alcanzar, pero aún así es imposible olvidarnos de lo que nos hacía felices tan solo en una habitación vacía, o en un parque sin magos ni estrellas. Porque para reivindicar a la vida un instante de paz no me hacen falta ni seis millones de personas ni tantas millones de ausencias.
Disfruto de la arquitectura española venida de Nueva York, miles de personas en la Casa de Campo, bailando ritmos latinos, los artistas del Retiro, los bonsáis de Felipe González, una niña de nueve años me enseña el teorema de Pitágoras a través de cuadrados de arena, la inmensidad del arte recogido en el Prado, preguntarme que significa Non est Bibendum, un buen vino, libros por 20 céntimos, los dedos virtuosos de Edu Bighands en el bar de Moe (con la elegancia de Gary Grant teñida de negro), paseo, miro, sueño, me embriago, bebo, amanezco…Disfruto la presencia de seis millones de personas, del arte infinito que rodea cada fachada, de la cultura inmensa que ofrece esta ciudad, de andar, mirar e investigar…
Disfruto de la ausencia de seis millones de ocasiones que nunca había vivido, perdiéndome cuando me apago en el letargo de un breve stand by en el que la sensación de vacío no la llena nada, ni nadie.
Más allá de la catarsis social, cultural o experimental, de repente aparece la voz que murmura la ausencia de seis pequeñas miradas de las que aquí carezco. Más allá de esta historia se encuentra el abrazo que añoro, porque Daze tiene razón, cuando todo se mueve bajo el vértigo del placer instantáneo, nos falta a escondidas que alguien nos pregunte cómo estas y espere a escuchar una respuesta. Donde existen seis millones de posibilidades de encontrar una noche de sexo, en el instante antes del sueño solo lamentamos la ausencia de un abrazo amigo.
Porque la cultura, la amalgama extenuante de vivencias, los timbales del Retiro en una tarde de domingo propicia para inventar historias tendidos sobre el césped, la maldita sensación de acción imparable, la ordenación urbana para evitar el caos, la mirada inquieta en un paisaje desconocido, nos acerca al éxtasis fugaz de evitar pensar quiénes somos o qué queremos alcanzar, pero aún así es imposible olvidarnos de lo que nos hacía felices tan solo en una habitación vacía, o en un parque sin magos ni estrellas. Porque para reivindicar a la vida un instante de paz no me hacen falta ni seis millones de personas ni tantas millones de ausencias.
Etiquetas: Madrid
Ya no tengo cole
0 Comments Publicado por Maldita_Rebeca on lunes, septiembre 11, 2006 at 6:22 p. m..
Después de 22 años de existencia ya no tengo coleno hay excusa para comprar bolis chulos
ni libretas blancas e impolutas
ya no tengo un horario ni un calendario resuelto hasta junio.
Ahora que no tengo dirección permanente
tan sólo un hogar transeúnte
un cepillo de dientes en cada casa
y un corazón abandonado
un espejo en el bolso, un hilera de lágrimas
un mendrugo de pan, dudas y leche.
Ahora que empieza de cero la historia
un bloc a medias con la marca de las primeras hojas arrancadas
Empiezo la continuación sin guión
aunque con excusa para el argumento
arranco de partida a un cambio de contexto sin cole, amigos o riendas
Comienzo un nuevo curso sin agenda
con obras en el gimnasio de mi rumbo
con los libros heredados
mochila con parches
cargada conmigo misma llena de mí más que nunca
aguanto la sonrisa con la seguridad de que mi sino no me fallará
con la agonía de que todo está por construir
y la liberación de dejar libre mi pupitre de atrás
No tengo cole
Ahora mi futuro camina de día en díacasi por instantes...
los meses se avecinan como lustros infinitos
Etiquetas: Madrid
